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  El duelo y los hijos que quedan  
     
 

Desde ellos:

  • se sienten solos y abandonados;
  • sienten celos del hermano muerto porque suponen que el amor de sus padres se fue con él, o entran en competencia por ese amor;
  • aparece la culpa cuando la relación con sus hermanos no fue buena o cuando en vida de ellos tuvieron algún pensamiento negativo y/o se sienten de alguna manera responsables de esa muerte;
  • necesitan que les reafirmen que no son culpables;
  • se sienten a veces olvidados, no queridos y descuidados si ven, o imaginan, que no pueden contar con sus padres;
  • muchas veces sienten miedo a hacer preguntas, en un intento por preservarse y preservar a su familia;
  • están, como sus padres, doloridos, confundidos y asustados;
  • algunos entran en un mutismo total con respecto a la muerte del hermano/a, como si pareciera que nada los  atraviesa. Otros, en cambio, se pasan el día llorando y hablando de lo sucedido. Es importante hablar con ellos para acompañarlos y acompañarnos en esta etapa del duelo.

 Desde nosotros:

  • comprender que los hijos que nos quedan también son especiales, únicos e irrepetibles como el que se fue; 
  • por tal razón, cada uno debe tener su lugar dentro de nuestro corazón, ocupando espacios diferentes;
  • entender que cuando ellos secan nuestras lágrimas, muchas veces, esconden las suyas para no sumar más dolor al dolor;
    darnos cuenta que, a veces, aún con su corta edad, nos cuidan y nos protegen por el amor que nos tienen y por miedo a sufrir otra pérdida;
  •  ver que ellos, igual que nosotros, se defienden del dolor como pueden;
  • aceptar que nuestro proyecto de vida no ha desaparecido sino que ha cambiado;
  • no dejar que la relación con los que quedan se resienta al punto que se produzca un distanciamiento difícil de superar;
  • manejar nuestros miedos para que nuestros hijos puedan seguir creciendo en libertad;
  • buscar unirnos a ellos para transitar las etapas del duelo de la mejor manera;
  • respetar su manera de elaborar el duelo;
  • ayuda hablar con ellos del hermano muerto, hacerlos participar de nuestro duelo, de los recuerdos y de nuestros sentimientos;
  • hacerles saber que el amor por el hijo muerto no significa que ha disminuido el amor por ellos;
  • ya perdimos demasiado... no sigamos perdiendo.
 
     
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